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¿Llevas al extremo tu dieta saludable?

Uno de los principales pilares de la salud, junto con el descanso y la actividad física, es una buena alimentación. Pero a veces, en búsqueda de una perfección extrema, llevamos las dietas hacia el lado equivocado.

Muchas veces nos obsesionamos con lo que comemos. Una vez que entramos al mundillo de la alimentación saludable, es fácil cuestionarse todo. Y claro, la nutrición como ciencia es relativamente nueva. De hecho, algunos de los conceptos alimentarios con los que fuimos criados hoy en día están obsoletos, como el miedo a las grasas y a los huevos.

Pero en esa búsqueda de lo que es sano es fácil perder el foco si llevamos las cosas a los extremos. Porque lo que hacemos para mejorar nuestra salud, empieza a jugar en nuestra contra. Y acciones como las que te explicamos a continuación son señales de alarma a las que debes prestarle atención.

Eliminar alimentos sin ningún motivo justificado

Los carbohidratos son los culpables, las grasas son lo peor, el azúcar es veneno... Estas «afirmaciones» las escuchamos todo el tiempo entre compis del gimnasio o redes sociales.

Pero, ¿tienen base científica? Si bien hay alimentos que tienden a tener mala reputación o simplemente no son tolerados por ciertas personas -como es el gluten para los celíacos- es común que algunas personas empiecen a evitar ciertos alimentos solo porque piensan que son malos.

Y es esa etiqueta subjetiva que asociamos a los alimentos la que determina nuestras preferencias. En realidad no hay alimentos malos y buenos. Simplemente hay alimentos que se ajustan mejor a tus requerimientos nutricionales y objetivos. Por alimentos nos referimos a la «comida real», no a los productos ultraprocesados comestibles, que directamente no son alimentos.

Miedo a determinadas comidas

Justamente por seguir tendencias como las que acabamos de explicar, empiezan a surgir los miedos. Cuando empezamos a eliminar alimentos sin razón, es fácil caer en los pánicos generalizados.

Hay quienes huyen de los carbohidratos como si fuesen el culpable de todos los males -y en las cantidades correctas nos brindan energía- o aquellos que piensan que no deben comer grasas -esenciales para numerosos procesos de nuestro organismo, incluido el correcto funcionamiento de las hormonas-, y estos miedos llevan al extremismo y el aislamiento.

Empiezas a sentirte incapaz de comer en ciertos lugares, a compartir con tus amigos o hasta evitar las comidas que -con tanto amor- te hacen tus familiares. Y en una dieta basada en comida real, por supuesto que hay cabida para pequeños caprichos, como ese delicioso postre que hace tu abuela para los cumpleaños.

Sentirte demasiado débil

Es normal que cuando hacemos el cambio de una alimentación muy procesada y llena de azúcar a una más natural, nuestro cuerpo empiece a sentirse «distinto». Pero si esto se traduce en falta de energía, letargo o que tengas que recurrir a estimulantes como el café, varias veces al día para funcionar, es una señal de alarma a la que debes prestarle atención.

Justamente pasa mucho cuando nos quitamos grupos alimenticios sin razón o hacemos dietas muy extremas. Tu alimentación -tenga el objetivo que tenga- tiene que complementar tu estilo de vida saludable. Si empieza a restarte energía, es porque no es la dieta adecuada para ti.

Eres muy crítico (con los demás)

Está bien que quieras llevar una alimentación más sana y que quieras compartir con las personas que quieres todos tus conocimientos. Porque vamos, ¡salud es amor! Pero hay una línea muy fina entre aconsejar y aleccionar. Y a veces el «amor duro» no es bien recibido por todos.

Hay que entender que cada persona tiene su proceso y que si bien queremos que aquellos que nos rodean también tengan salud, no debemos influir en las decisiones que hagan a la hora de comer. Puedes tratar de compartir con tus amigos tu estilo de vida saludable, pero no los critiques cuando ellos quieran una pizza y tu una ensalada...

La salud es equilibrio

En todo. En la cantidad de ejercicio que hagas, en el tiempo que tomes para descansar, en las elecciones que hagas al comer y claro, tu relación que tengas con esos alimentos. Porque una dieta nutritiva tiene que servirte para llevar una vida más feliz, no que sea una tortura que haga dejar de disfrutarla. Y, ¡tu salud te lo agradecerá!


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